NADA
Tres días leyendo. Mis piernas se envaran.
El cerebro transa. La sangre se estanca.
Por eso si escribo el miedo me embarga.
Pero si camino, me enfermo de rabia.
Sentado o andando nunca llego a nada.
Las metas se alejan frente a mi mirada.
Yo no tuve casta, ni amigos, ni casa.
Solo un cuerpo débil y -supongo- un alma.
El cuerpo me pesa una tonelada.
Y el alma, si es alma, lo azuza y ataca
cuando me levanto en cada mañana
a cumplir el rito de estar sin ser nada.
Miguel A. Vergara - 19-10-10
jueves, 25 de noviembre de 2010
viernes, 19 de noviembre de 2010
CARTAS NEGRAS
CARTAS NEGRAS.
Estoy recibiendo cartas negras.
Deben ser de algún loco del camino,
Alguno que se quedó sin padres. Peregrino
hastiado de ver tierra, dolorido
de los pies y las piernas. Y del alma.
Algún médico enfermo que algún día
atendiera a mi padre sin poder sostenerlo.
Y papá ya no está. No entra y sale
con su amor-humor agrio, triste y abismado,
complicado y maldito, como el mío.
Y ahora cartas negras, solo negras, recibo;
en papel y sobres negros y la tinta
con pura esencia de sangre acicutada.
Que deben ser del maldito peregrino
que busca mi alma de hastiado y pervivido,
pues ya nada para mí tiene sentido:
Quisiera beber luz y bebo vino.
No sé amar. O mi amor está teñido
por los recuerdos que no fueron buenos.
Mañana publicaré mi voto por las ruedas,
rodando sobre los huesos del camino.
Mañana papá me dirá:”Mire adelante”
y yo le obedeceré, pues sé que es cierto,
que mirando delante no sufrimos.
Lo que mata es la niebla y es la noche.
Y el cansancio del ojo, de los ojos,
rendidos de mirar siempre lo mismo.
Sin una luz de sol que me ilumine.
Algunas de esas cartas que ahora llegan,
tal vez sean del caucho de las ruedas.
Las cargas más pesadas dejan manchas
más negras, imborrables y cargadas.
Son manchas pero vivas, visibles evidentes,
durables, trascendentes... Pero...
Hay que cargarlas eliminando todo lo prudente
lo cotidiano, todo lo que contradice
las leyes, las normas, los consejos,
Son cartas negras que llegan a los viejos.
Ven padre, vamos a quinientos
kilómetros de velocidad.
Suelta el volante. Déjalo que ruede.
Que el viento te seque las lágrimas
de los ojos húmedos de sueños incumplidos;
y la sangre, tu sangre y mi sangre,
tiña los campos, las casas, el camino
y perduren para siempre ¡Para qué vivimos?
Ven. Cambiemos el color del mundo,
del cielo, de la tierra, de los árboles.
Tanto verde, marrón, tanto celeste
forman una mixtura con olor a olvido.
¿Y el rojo? ¿Dónde está el hermoso rojo?
El rojo está en la sangre, pero la sangre
se lava enseguida en el camino.
O en los sanatorios y en los hospitales.
La gente oculta el rojo de la sangre.
Que no quede, no perdure, que no manche.
Y al final se mezcla todo y queda todo negro.
Horrible negro, tenebroso y ciego
de donde provienen las cartas negras
que poco a poco todos recibimos.
Y el noble rojo se pudre con la rosa,
muere con ella como el ser humano,
que somos de entrada un asco
y morimos peores todavía:
Repugnantes, olorosos... Esos
escribimos románticas poesías,
obstinados en colorear sentidos
y desprendernos de ese manto negro
que juega con el tiempo y se aproxima
mandando cartas negras a los prestos
a conjugar el resto de su vida.
Miguel A. Vergara 3-3-10
La inspiración de este poema se debe a César Vallejos,
mi padre, mis dolores y mis años.
Estoy recibiendo cartas negras.
Deben ser de algún loco del camino,
Alguno que se quedó sin padres. Peregrino
hastiado de ver tierra, dolorido
de los pies y las piernas. Y del alma.
Algún médico enfermo que algún día
atendiera a mi padre sin poder sostenerlo.
Y papá ya no está. No entra y sale
con su amor-humor agrio, triste y abismado,
complicado y maldito, como el mío.
Y ahora cartas negras, solo negras, recibo;
en papel y sobres negros y la tinta
con pura esencia de sangre acicutada.
Que deben ser del maldito peregrino
que busca mi alma de hastiado y pervivido,
pues ya nada para mí tiene sentido:
Quisiera beber luz y bebo vino.
No sé amar. O mi amor está teñido
por los recuerdos que no fueron buenos.
Mañana publicaré mi voto por las ruedas,
rodando sobre los huesos del camino.
Mañana papá me dirá:”Mire adelante”
y yo le obedeceré, pues sé que es cierto,
que mirando delante no sufrimos.
Lo que mata es la niebla y es la noche.
Y el cansancio del ojo, de los ojos,
rendidos de mirar siempre lo mismo.
Sin una luz de sol que me ilumine.
Algunas de esas cartas que ahora llegan,
tal vez sean del caucho de las ruedas.
Las cargas más pesadas dejan manchas
más negras, imborrables y cargadas.
Son manchas pero vivas, visibles evidentes,
durables, trascendentes... Pero...
Hay que cargarlas eliminando todo lo prudente
lo cotidiano, todo lo que contradice
las leyes, las normas, los consejos,
Son cartas negras que llegan a los viejos.
Ven padre, vamos a quinientos
kilómetros de velocidad.
Suelta el volante. Déjalo que ruede.
Que el viento te seque las lágrimas
de los ojos húmedos de sueños incumplidos;
y la sangre, tu sangre y mi sangre,
tiña los campos, las casas, el camino
y perduren para siempre ¡Para qué vivimos?
Ven. Cambiemos el color del mundo,
del cielo, de la tierra, de los árboles.
Tanto verde, marrón, tanto celeste
forman una mixtura con olor a olvido.
¿Y el rojo? ¿Dónde está el hermoso rojo?
El rojo está en la sangre, pero la sangre
se lava enseguida en el camino.
O en los sanatorios y en los hospitales.
La gente oculta el rojo de la sangre.
Que no quede, no perdure, que no manche.
Y al final se mezcla todo y queda todo negro.
Horrible negro, tenebroso y ciego
de donde provienen las cartas negras
que poco a poco todos recibimos.
Y el noble rojo se pudre con la rosa,
muere con ella como el ser humano,
que somos de entrada un asco
y morimos peores todavía:
Repugnantes, olorosos... Esos
escribimos románticas poesías,
obstinados en colorear sentidos
y desprendernos de ese manto negro
que juega con el tiempo y se aproxima
mandando cartas negras a los prestos
a conjugar el resto de su vida.
Miguel A. Vergara 3-3-10
La inspiración de este poema se debe a César Vallejos,
mi padre, mis dolores y mis años.
lunes, 27 de septiembre de 2010
EL PIANO SIN TECLAS
EL PIANO SIN TECLAS.
No cabe dudas que éste
es un mundo material.
Que los Jardines colgantes, si fueron,
al olvido ciego de tercos cerebros,
seguro cayeron. No están y no están.
Eran puro sueño.
Este es un mundo concreto,
de una dureza arbitral:
a cada uno le pesa
conforme con su destino.
Lo costoso es resistir el cuerpo, los límites y los otros.
Los ramilletes de seres que pujan y se mueven.
Es un mundo concreto pero a la vez cinético.
Las moléculas van y vienen como locas
y los átomos que pretenden tener las mismas cosas,
y piensan, y quieren,
y provocan el caos que te odia y te muerde.
Eso, si no decretan tu destino, tu camino, tu muerte.
Solo es por algo concreto
que a caminar se aprende,
y a hablar y a besar...
El pan, la leche, el agua, el sillón y la cama.
La oferta y la demanda.
Y el poder.
Con el cual el hombre tiene y manda.
¡Ah! Y el menor esfuerzo: Nada de leyes santas,
ni normas restrictivas, ni consecuencias vanas.
Adiós al Dios y al orden; al amor y a las almas.
Yo tengo que adaptarme a vivir en concreto.
Andar siempre a favor, pero penacho al viento,
como decía aquel inolvidable viejo.
Por eso -creo- que sufro encerrado y enfermo.
Castigado. Vaya a saber por qué sabios nuevos.
Me siento vacío, sin luz y sin techo;
con el alma seca y los huesos cáscara.
Cáscaras de huevos de gallinas viejas.
Gastado, sin ganas, sin penacho, nada.
A veces me estrujo como un trapo viejo,
y lloro por nada,
y no siento nada,
y ya no soy nada: Iluso converso.
Si suenan canciones, las viejas canciones;
si leo palabras con lógica obvia;
si miro los cielos, el mar y la tierra,
entonces percibo sonar por adentro
la forma y el ritmo. La cadencia aquélla
que un día me hiciera gozar la belleza,
la idea, la mística, la luz, la armonía,
lo abstracto del tono, la música plena
que suena en mis entrañas, sin nada concreto.
Y así me convierto en piano sin teclas,
que suena muy hondo en mis sentimientos
con lágrimas de oro, de amor, de novelas,
como si las cuerdas cantaran las letras
así, sin golpearlas, cual piano sin teclas.
MAV. 23-10-2009.
No cabe dudas que éste
es un mundo material.
Que los Jardines colgantes, si fueron,
al olvido ciego de tercos cerebros,
seguro cayeron. No están y no están.
Eran puro sueño.
Este es un mundo concreto,
de una dureza arbitral:
a cada uno le pesa
conforme con su destino.
Lo costoso es resistir el cuerpo, los límites y los otros.
Los ramilletes de seres que pujan y se mueven.
Es un mundo concreto pero a la vez cinético.
Las moléculas van y vienen como locas
y los átomos que pretenden tener las mismas cosas,
y piensan, y quieren,
y provocan el caos que te odia y te muerde.
Eso, si no decretan tu destino, tu camino, tu muerte.
Solo es por algo concreto
que a caminar se aprende,
y a hablar y a besar...
El pan, la leche, el agua, el sillón y la cama.
La oferta y la demanda.
Y el poder.
Con el cual el hombre tiene y manda.
¡Ah! Y el menor esfuerzo: Nada de leyes santas,
ni normas restrictivas, ni consecuencias vanas.
Adiós al Dios y al orden; al amor y a las almas.
Yo tengo que adaptarme a vivir en concreto.
Andar siempre a favor, pero penacho al viento,
como decía aquel inolvidable viejo.
Por eso -creo- que sufro encerrado y enfermo.
Castigado. Vaya a saber por qué sabios nuevos.
Me siento vacío, sin luz y sin techo;
con el alma seca y los huesos cáscara.
Cáscaras de huevos de gallinas viejas.
Gastado, sin ganas, sin penacho, nada.
A veces me estrujo como un trapo viejo,
y lloro por nada,
y no siento nada,
y ya no soy nada: Iluso converso.
Si suenan canciones, las viejas canciones;
si leo palabras con lógica obvia;
si miro los cielos, el mar y la tierra,
entonces percibo sonar por adentro
la forma y el ritmo. La cadencia aquélla
que un día me hiciera gozar la belleza,
la idea, la mística, la luz, la armonía,
lo abstracto del tono, la música plena
que suena en mis entrañas, sin nada concreto.
Y así me convierto en piano sin teclas,
que suena muy hondo en mis sentimientos
con lágrimas de oro, de amor, de novelas,
como si las cuerdas cantaran las letras
así, sin golpearlas, cual piano sin teclas.
MAV. 23-10-2009.
lunes, 14 de diciembre de 2009
SUPLICA
SUPLICA
¡Hola! !Heee! ¡Hola! ¡Shshshshsh...! ¡Oye!
¡Oye esposa mía, mujer mía, amada mía!
¡Hija! ¡Hijos! Queridos! ¡Oigan!...
¡Quédense un poco más! ¡Un poquito más!
¡Oiga ud. Señora! ¡Señor! ¡Oh! ¡Por favor!...
¡Quédense un poco más! ¡Recen por mí!
Digan cualquier cosa. ¡Háblenme!
No lloren. No, no, nada. Yo no quiero eso.
Solo que se queden. Si quieren,
pónganse a jugar, a charlar, entre uds.
Rían, canten, bailen...
Que yo los vea, los sienta, me acompañen...
¡Esto está tan sólo! ¡Tan oscuro! ¡Frío!
No les digo que entren, aquí, conmigo. No,
ni ahora, ni nunca...Con esta humedad...
y con estos bichos!....
Solamente les pido que se queden.
Que vengan más seguido.
Que me hablen, que me cuenten:
qué pasa; qué pasó allá, en la casa...
en las calles, en el mundo, en la vida.
Si todo está más lindo, o está más feo;
si vale la pena estar afuera,
o extinguirse en este encierro,
sin saber nada, sin tocar nada.
Sin poder ver la luz, sentir la brisa...
Estar en el mundo con el cuerpo.
Y con el alma. Otra alma.
Un alma loca, atenta a los sentidos.
A los sentidos propios y de los otros.
A la más mínima cosa.
¡Oigan, vengan! ¡Total qué les cuesta!
Tal vez si me cuentan seguido sus vidas,
yo sienta con uds....
Amor, odio, dolor, envidia...
Lo que sea.
Vengan y cuéntenme todo.
Yo seré su diario; su confesionario.
Dormiré pensando en cómo ayudarlos
a vivir la vida intensa, con todo;
a gozar el mundo, las cosas, los otros;
aunque sean malos, aunque sean locos.
Pero sobre todo, a ayudar los sabios
a alargar el tiempo, la paz y la risa;
renovar los cuerpos, el mundo, las almas,
y extinguir la muerte y los cementerios.
MAV. 3-12-2009
¡Hola! !Heee! ¡Hola! ¡Shshshshsh...! ¡Oye!
¡Oye esposa mía, mujer mía, amada mía!
¡Hija! ¡Hijos! Queridos! ¡Oigan!...
¡Quédense un poco más! ¡Un poquito más!
¡Oiga ud. Señora! ¡Señor! ¡Oh! ¡Por favor!...
¡Quédense un poco más! ¡Recen por mí!
Digan cualquier cosa. ¡Háblenme!
No lloren. No, no, nada. Yo no quiero eso.
Solo que se queden. Si quieren,
pónganse a jugar, a charlar, entre uds.
Rían, canten, bailen...
Que yo los vea, los sienta, me acompañen...
¡Esto está tan sólo! ¡Tan oscuro! ¡Frío!
No les digo que entren, aquí, conmigo. No,
ni ahora, ni nunca...Con esta humedad...
y con estos bichos!....
Solamente les pido que se queden.
Que vengan más seguido.
Que me hablen, que me cuenten:
qué pasa; qué pasó allá, en la casa...
en las calles, en el mundo, en la vida.
Si todo está más lindo, o está más feo;
si vale la pena estar afuera,
o extinguirse en este encierro,
sin saber nada, sin tocar nada.
Sin poder ver la luz, sentir la brisa...
Estar en el mundo con el cuerpo.
Y con el alma. Otra alma.
Un alma loca, atenta a los sentidos.
A los sentidos propios y de los otros.
A la más mínima cosa.
¡Oigan, vengan! ¡Total qué les cuesta!
Tal vez si me cuentan seguido sus vidas,
yo sienta con uds....
Amor, odio, dolor, envidia...
Lo que sea.
Vengan y cuéntenme todo.
Yo seré su diario; su confesionario.
Dormiré pensando en cómo ayudarlos
a vivir la vida intensa, con todo;
a gozar el mundo, las cosas, los otros;
aunque sean malos, aunque sean locos.
Pero sobre todo, a ayudar los sabios
a alargar el tiempo, la paz y la risa;
renovar los cuerpos, el mundo, las almas,
y extinguir la muerte y los cementerios.
MAV. 3-12-2009
domingo, 9 de noviembre de 2008
JUSTIFICACION
JUSTIFICACION
Cuando las fuentes ya no surtan agua
y se acaben las sílfides y apolos,
no habrá más luz, no se verán los ríos,
ni las flores, los cuerpos y colores.
No existirán las formas y la esencia
perderá su valor y su sentido.
Lo mismo que el amor que, confundido,
olvidará las galas y los versos.
Por eso es que me apuro ante el evento
a escribir lo que veo y lo que siento
de una manera clara y elocuente,
que quede en la memoria y al leerlo
haga volver las aguas a las fuentes.
MAV. Miguel Ángel Vergara (8-11-8).
Cuando las fuentes ya no surtan agua
y se acaben las sílfides y apolos,
no habrá más luz, no se verán los ríos,
ni las flores, los cuerpos y colores.
No existirán las formas y la esencia
perderá su valor y su sentido.
Lo mismo que el amor que, confundido,
olvidará las galas y los versos.
Por eso es que me apuro ante el evento
a escribir lo que veo y lo que siento
de una manera clara y elocuente,
que quede en la memoria y al leerlo
haga volver las aguas a las fuentes.
MAV. Miguel Ángel Vergara (8-11-8).
viernes, 7 de noviembre de 2008
La cruz y la espada
La cruz y la espada.
La paciencia es el mar que te ahoga.
Contienes las manos, los pies, las palabras.
Los labios se tuercen, los dientes rechinan.
La mente confusa anuda las vísceras.
Una palabrota es pala que cava
los cimientos fríos que la bestia jala
entre los instintos que ansían desgracias
y a la mansedumbre consideran tara.
El puño, los puños. Los pies. La patada.
Una mano al cielo, otra mano al suelo.
La esgrima del santo:la cruz y la espada.
El color acero con rojo en la daga.
¡Ah, pasión que pujas adentro del alma!
¿Quién te puso leyes, cárceles y jaulas?
¿Por qué obedecemos los mandos de otros
que mientras te matan proclaman la calma?
La lógica sufre la fuerte descarga
del principio clásico de contradicción.
Cedamos el paso a la furia en ascuas
y luego con garbo pidamos perdón.
Total hoy el crímen se comete al sol.
Ya no es necesario apagar la luz.
Y para esquivar la horda maldita
usar como el santo, la espada y la cruz.
MAV.Miguel Ängel Vergara. 7-11-08
La paciencia es el mar que te ahoga.
Contienes las manos, los pies, las palabras.
Los labios se tuercen, los dientes rechinan.
La mente confusa anuda las vísceras.
Una palabrota es pala que cava
los cimientos fríos que la bestia jala
entre los instintos que ansían desgracias
y a la mansedumbre consideran tara.
El puño, los puños. Los pies. La patada.
Una mano al cielo, otra mano al suelo.
La esgrima del santo:la cruz y la espada.
El color acero con rojo en la daga.
¡Ah, pasión que pujas adentro del alma!
¿Quién te puso leyes, cárceles y jaulas?
¿Por qué obedecemos los mandos de otros
que mientras te matan proclaman la calma?
La lógica sufre la fuerte descarga
del principio clásico de contradicción.
Cedamos el paso a la furia en ascuas
y luego con garbo pidamos perdón.
Total hoy el crímen se comete al sol.
Ya no es necesario apagar la luz.
Y para esquivar la horda maldita
usar como el santo, la espada y la cruz.
MAV.Miguel Ängel Vergara. 7-11-08
sábado, 25 de octubre de 2008
DAME TU MANO
Dame tu mano.
Dame tu mano, Vida, de tu mano
por las que corre el sentimiento vivo
sujetos fuertemente como hermanos
que temen a las sombras, yo te pido
entremos donde guardan los humanos
cuerpos al gasto de vivir rendidos.
Símbolos son estos sepulcros fríos
de otros que en el tráfago movieron
sus sueños , su inquietud, su amor, su hastío.
Al misterio insondable se vertieron
como su agua en el mar vierten los ríos
que allá en la cumbres, por morir, nacieron.
La paz –dicen los vivos- que sustentan,
insistiendo cual singular acierto,
en estos altos pinos que alimentan
su savia de la savia de los muertos
cual hienas infernales; que lamentan
cuando los choca, natural, el viento.
En estas lozas grises, turbias, frías.
En estos bronces de adornar, helados;
en estas infinitas galerías:
depósito social de lo pasado
que guardan en su dura geometría
los cuerpos de los muertos alineados.
Este cadaveral que se frecuenta
con voces de mil llantos y lamentos
y en que insisten los que la vida alientan
pretendiendo ser dueños de lo incierto,
es la plaza de amor con que alimentan
un destino feliz para los muertos.
Tengo frío mi bien, no te separes.
Quiero sentir tu sangre, estar seguro
que estás viva. Estos tristes pensares
sobre las fosas y los grises muros,
han abierto el arca de pesares
que el alma lleva en un lugar oscuro.
No te detengas, que esa flor marchita,
quizá por el olvido del amante
de renovarla siempre, me acredita
la muerte del amor. Sigue adelante,
confirma en tu mirada la bendita
promesa, hecha, del amor constante
Y vayámonos ya, que la mañana
de azul y de oro puro ha despertado
y le hace guiños al amor, ufana.
Cuélgate de mi brazo ya, salgamos,
que al tiempo de estar juntos aún le gana
el tiempo que estuvimos separados.
Miguel Ángel Vergara (MAV) 1957.
Dame tu mano, Vida, de tu mano
por las que corre el sentimiento vivo
sujetos fuertemente como hermanos
que temen a las sombras, yo te pido
entremos donde guardan los humanos
cuerpos al gasto de vivir rendidos.
Símbolos son estos sepulcros fríos
de otros que en el tráfago movieron
sus sueños , su inquietud, su amor, su hastío.
Al misterio insondable se vertieron
como su agua en el mar vierten los ríos
que allá en la cumbres, por morir, nacieron.
La paz –dicen los vivos- que sustentan,
insistiendo cual singular acierto,
en estos altos pinos que alimentan
su savia de la savia de los muertos
cual hienas infernales; que lamentan
cuando los choca, natural, el viento.
En estas lozas grises, turbias, frías.
En estos bronces de adornar, helados;
en estas infinitas galerías:
depósito social de lo pasado
que guardan en su dura geometría
los cuerpos de los muertos alineados.
Este cadaveral que se frecuenta
con voces de mil llantos y lamentos
y en que insisten los que la vida alientan
pretendiendo ser dueños de lo incierto,
es la plaza de amor con que alimentan
un destino feliz para los muertos.
Tengo frío mi bien, no te separes.
Quiero sentir tu sangre, estar seguro
que estás viva. Estos tristes pensares
sobre las fosas y los grises muros,
han abierto el arca de pesares
que el alma lleva en un lugar oscuro.
No te detengas, que esa flor marchita,
quizá por el olvido del amante
de renovarla siempre, me acredita
la muerte del amor. Sigue adelante,
confirma en tu mirada la bendita
promesa, hecha, del amor constante
Y vayámonos ya, que la mañana
de azul y de oro puro ha despertado
y le hace guiños al amor, ufana.
Cuélgate de mi brazo ya, salgamos,
que al tiempo de estar juntos aún le gana
el tiempo que estuvimos separados.
Miguel Ángel Vergara (MAV) 1957.
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