La Puerta
¿Qué hago aquí?
¿Qué estoy haciendo aquí?
Escondido detrás de esta puerta?
Puerta vulgar, común, cualquiera.
No sé si quiero que esté cerrada o esté abierta.
¿Qué estoy haciendo aquí, por Dios?
No sé si estoy encerrado o descubierto.
Si vale la pena que sea una persona,
o mejor una cosa, un sillón, una ausencia.
Ausencia sin amor y sin recuerdo,
un sueño.
Sueño de ser alguien luego;
de ser un niño,
o un adorable viejo.
¿Para qué estoy aquí ya inútil
encubierto detrás de esta puerta?
Nadie me ve y asusto desde adentro.
No soy un sueño, sino una pesadilla.
Pesadilla tampoco; sería mucho.
Un sueño bruto de hombre que no piensa;
una molestia, una basura, una vergüenza.
¿Qué hago aquí, por qué no fui a la guerra?
Llevando la bandera de la murga,
un poco rengo, sordo, dolorido,
tocando un instrumento qué haga ruido,
y que todos me miren con respeto.
No sé si abrir la puerta hacia el infierno,
o quedarme leyendo,
palabras sabias o santas de otros muertos.
El mundo todo afuera es un imperio,
haciendo propaganda de la coca
con cantos rítmicos y palabras soeces
que aplauden a rabiar los dueños y los siervos
marchando al son de los sonidos tímbricos
cual soldados esbirros de otras tierras.
Y yo aquí, peor que preso, tras la puerta.
Pensando en el recodo de la vida,
si acaso hay un escape, una salida,
o me decido de una vez a abrir la puerta
y unirme a esos desconocidos con bombos y matracas
haciendo ruido, ruido, ruido,
que quiebre la razón y los sentidos
y embriagado de historias repetidas
olvide mis dolores y mis lacras
y vaya a destrozar todas las puertas
que me cerraron cuando yo pasaba.
MAV. Miguel Angel Vergara 22-2-08.
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lunes, 25 de febrero de 2008
domingo, 17 de febrero de 2008
cuando ya no estás
CUANDO YA NO ESTÁS.
Yo sentía que Tú eras la alegría,
que tu alma y mi alma en comunión,
disfrutaban un sol en cada día
porque así lo queríamos Tú y Yo.
Que tu lengua, tus labios, tu saliva,
y mis pelos, mis uñas, mi sudor,
eran miel, eran leche y maravillas
resultado del fuego de los dos.
Sentía tus palabras y tu risa
como una sinfonía de ilusión
que sublimaba la realidad vivida
envuelta entre los brazos del amor.
¡Pero hay de mí si estaba ciego y sordo,
jugando mis sentidos y los tuyos
envueltos en la fiebre y el calor!
Ahora que no estás, Vida, te intuyo
y vuelves a estar conmigo pese a Dios.
Estamos, somos, existimos, todo,
en el cielo, el infierno, o en el mundo
que forjamos amándonos Tú y Yo.
No nos besamos más. Somos el beso;
nuestras bocas unidas, la pasión.
Tus brazos forman parte de mi cuello
y hasta tus pies cansados llego yo.
Somos una espiral interminable
que en un solo bloque se fundió,
no pueden separarnos somos uno:
un solo musical, sólo un color.
No nos miramos, somos la mirada,
no importa que no estés, yo soy TUYYO,
en un solo existir que abarca todo
porque así, por piedad, lo quiere Dios.
MAV. 17-2-8
Yo sentía que Tú eras la alegría,
que tu alma y mi alma en comunión,
disfrutaban un sol en cada día
porque así lo queríamos Tú y Yo.
Que tu lengua, tus labios, tu saliva,
y mis pelos, mis uñas, mi sudor,
eran miel, eran leche y maravillas
resultado del fuego de los dos.
Sentía tus palabras y tu risa
como una sinfonía de ilusión
que sublimaba la realidad vivida
envuelta entre los brazos del amor.
¡Pero hay de mí si estaba ciego y sordo,
jugando mis sentidos y los tuyos
envueltos en la fiebre y el calor!
Ahora que no estás, Vida, te intuyo
y vuelves a estar conmigo pese a Dios.
Estamos, somos, existimos, todo,
en el cielo, el infierno, o en el mundo
que forjamos amándonos Tú y Yo.
No nos besamos más. Somos el beso;
nuestras bocas unidas, la pasión.
Tus brazos forman parte de mi cuello
y hasta tus pies cansados llego yo.
Somos una espiral interminable
que en un solo bloque se fundió,
no pueden separarnos somos uno:
un solo musical, sólo un color.
No nos miramos, somos la mirada,
no importa que no estés, yo soy TUYYO,
en un solo existir que abarca todo
porque así, por piedad, lo quiere Dios.
MAV. 17-2-8
miércoles, 13 de febrero de 2008
Divagaciones
La piel, blanca, rosada
o de cualquier color,
no tiene gusto feo;
así el alma también,
el licor y el veneno.
-¿Y la mujer?
Y la mujer también.
-¿Y la sangre y la grasa?
¡No digas esas cosas
porque me despedazas!
¿Es que no ves que la mujer es piel
y que por dentro está toda rellena
de naranjas?
Mira cuánta virtud,
dar de beber al limo.
¿Estamos solos, no?
Por las dudas
habla bajito.
¡Mírate los pies sucios!
¿Te los beso?
Sí. Déjame un poquito.
¡Qué! Si la luna es sucia
como tus piececitos.
MAV. 1950-60
o de cualquier color,
no tiene gusto feo;
así el alma también,
el licor y el veneno.
-¿Y la mujer?
Y la mujer también.
-¿Y la sangre y la grasa?
¡No digas esas cosas
porque me despedazas!
¿Es que no ves que la mujer es piel
y que por dentro está toda rellena
de naranjas?
Mira cuánta virtud,
dar de beber al limo.
¿Estamos solos, no?
Por las dudas
habla bajito.
¡Mírate los pies sucios!
¿Te los beso?
Sí. Déjame un poquito.
¡Qué! Si la luna es sucia
como tus piececitos.
MAV. 1950-60
Una vez fui noche
Una vez fui noche,
también fui silencio,
y desde lo oscuro
sufría el misterio,
viéndolo muy claro,
muy noble y muy cierto.
De pronto un fantasma,
que nubla criterios,
puso ante mis ojos
el mundo resuelto,
y entonces fui día
y también fui eco.
Día como todos,
como todos eco.
Uno más que al alba
olvidó su sueño,
otro que en un grupo
repetía un hecho.
Yo una vez fui noche,
y en el sentimiento
que pugna en mis venas
ser la noche quiero.
Volver a ser hosco,
silencioso y serio,
ser cuña quemada
metida muy dentro
de nocturnas lluvias
que en mi psicoinvierno
fecundan copiosas
mi eminente cieno.
Quiero ser la sombra,
la sombra del fuego,
que en sus lengüetazos
de ansiedad y miedo
confunden la forma
de lo verdadero.
Quiero ser la bruma
cansada en un puerto
que asimila el agua
de un amor que ha muerto.
Yo una vez fui noche,
también fui silencio,
mas vino un fantasma
de mil elementos
que al fingir brindarme
el sistema cierto,
esgrimiendo amores
cada vez más nuevos,
realidad de ensueños,
luz, algarabías
y triunfos terrenos,
defraudó mi alma
y me hundió en el medio,
tornándome día
como todos, eco.
Reclamo mi esencia
de noche y silencio.
¿Dónde estáis ahora
fugitivos dueños?
¿Acaso perdidos?
¿Acaso tan dentro?
MAV. 1970/ 80.
también fui silencio,
y desde lo oscuro
sufría el misterio,
viéndolo muy claro,
muy noble y muy cierto.
De pronto un fantasma,
que nubla criterios,
puso ante mis ojos
el mundo resuelto,
y entonces fui día
y también fui eco.
Día como todos,
como todos eco.
Uno más que al alba
olvidó su sueño,
otro que en un grupo
repetía un hecho.
Yo una vez fui noche,
y en el sentimiento
que pugna en mis venas
ser la noche quiero.
Volver a ser hosco,
silencioso y serio,
ser cuña quemada
metida muy dentro
de nocturnas lluvias
que en mi psicoinvierno
fecundan copiosas
mi eminente cieno.
Quiero ser la sombra,
la sombra del fuego,
que en sus lengüetazos
de ansiedad y miedo
confunden la forma
de lo verdadero.
Quiero ser la bruma
cansada en un puerto
que asimila el agua
de un amor que ha muerto.
Yo una vez fui noche,
también fui silencio,
mas vino un fantasma
de mil elementos
que al fingir brindarme
el sistema cierto,
esgrimiendo amores
cada vez más nuevos,
realidad de ensueños,
luz, algarabías
y triunfos terrenos,
defraudó mi alma
y me hundió en el medio,
tornándome día
como todos, eco.
Reclamo mi esencia
de noche y silencio.
¿Dónde estáis ahora
fugitivos dueños?
¿Acaso perdidos?
¿Acaso tan dentro?
MAV. 1970/ 80.
martes, 12 de febrero de 2008
NOCHEBUENA
*NOCHEBUENA
La noche viene y se va…
El niño nace y se muere…
Latente el misterio está
con su sahumerio fecundo
aromatizando el mundo
de Verbo, Amor y Verdad.
Remedos hoy de José,
del Niño-Dios, de María,
de la dorada Belén,
son las reunidas familias,
las ciudades y las villas,
bajo el manto de la fe.
¡Qué dulce es sentir así,
que se purifica el alma,
que se refuerza el matiz
promiscuo de la esperanza,
que con voz paciente y mansa
nos susurra “Proseguid”!.
Las agujas del reloj
comentan la medianoche,
y en el silencio la voz
de las campanas doradas,
anuncian glorificadas
que ha nacido el Niño Dios.
Ya vino al mundo Jesús.
Una ronda de pureza,
de ternura, amor, de luz,
como culminante broche,
se ha adueñado de la noche
bajo el signo de la cruz.
Miguel Angel Vergara.
La noche viene y se va…
El niño nace y se muere…
Latente el misterio está
con su sahumerio fecundo
aromatizando el mundo
de Verbo, Amor y Verdad.
Remedos hoy de José,
del Niño-Dios, de María,
de la dorada Belén,
son las reunidas familias,
las ciudades y las villas,
bajo el manto de la fe.
¡Qué dulce es sentir así,
que se purifica el alma,
que se refuerza el matiz
promiscuo de la esperanza,
que con voz paciente y mansa
nos susurra “Proseguid”!.
Las agujas del reloj
comentan la medianoche,
y en el silencio la voz
de las campanas doradas,
anuncian glorificadas
que ha nacido el Niño Dios.
Ya vino al mundo Jesús.
Una ronda de pureza,
de ternura, amor, de luz,
como culminante broche,
se ha adueñado de la noche
bajo el signo de la cruz.
Miguel Angel Vergara.
*Cuadro: Barcazas en el Paraná. Miguel Ángel Vergara.
miércoles, 2 de enero de 2008
Ruega por nosotros
*Gregoria no digiere nada bien las palabras,
ni las letras traviesas de su propia canción,
porque si bien las come y forzando las traga,
cuando canta secreta una rara poción,
con olor a boñiga y un color amarillo
de Nápoles con plomo al estilo Van Gogh,
que repite y repite un extraño estribillo
y produce un efecto de poseso-pasión.
A la gente le gusta, serena a los ansiosos,
saltan, gritan y ríen, o lloran de emoción,
y salen relajados pensando silenciosos
que el canto de Greogoria depura el corazón.
Cuando Gregoria muera será beatificada.
Y tendrá su santuario y su veneración;
contoneando sus curvas, ignorando su alma
para que permanezca esta generación.
¿Para qué? Para nada.
Sin embargo, seguro, que a Gregoria, beata,
la llenarán de flores, de rezos y de fama.
Y pasarán aviones para mil pasajeros,
submarinos y barcos con controles remotos,
vehículos terrestres como rayos, y en ellos
empresarios del opio, del crimen y el terror,
que mirarán la tumba sagrada de Gregoria,
pensando en las ganancias copiosas de su siembra,
le pedirán –de paso- que haya paz en la tierra.
MAV 1-1-8
*Cuadro: El Secreto II. Miguel Ángel Vergara.
sábado, 22 de diciembre de 2007
Medio
Ya no sé qué decir sobre la vida
Y menos qué explicar sobre la muerte,
Porque en los dos extremos veo perdidas
Toda lógica y credo de la suerte.
Yo creí en la virtud y en la cordura
De los santos, los buenos y los héroes,
Que me inculcaron cuando mi alma pura
Grababa las improntas de mi mente.
Nada cursé tan justo y tan preciso,
Como esa senda que seguí derecho,
Cumpliendo los recados bien sumizo,
Con paso leve por camino estrecho.
Mediocre hasta doler para ser hombre
Bueno, educado, servidor y listo
para hacer y cumplir, pero sin nombre
como guerrero a las órdenes de Pirro.
Ser mediocre es mi título y destino;
La gravedad de Newton: fruta al suelo;
Cuidando siempre la ocasión y el rito
Sin pretender rondar el universo.
Caer, siempre caer en línea recta,
Con un gesto feliz y una sonrisa
Que alegre a los demás, siempre discreta
Como una nieve tibia que acaricia.
Ser bueno es gravedad intrascendente,
Solo mueca teatral rasando el suelo,
Sin procurar jamás vía ascendente,
Quebrar el curso pretendiendo un vuelo.
Un vuelo a algún confín desconocido,
Lejano, fiero, lóbrego o desierto,
Subir, errar y zigzaguear perdido,
Hasta caer de lo alto, satisfecho.
MAV. Miguel Angel Vergara.
Y menos qué explicar sobre la muerte,
Porque en los dos extremos veo perdidas
Toda lógica y credo de la suerte.
Yo creí en la virtud y en la cordura
De los santos, los buenos y los héroes,
Que me inculcaron cuando mi alma pura
Grababa las improntas de mi mente.
Nada cursé tan justo y tan preciso,
Como esa senda que seguí derecho,
Cumpliendo los recados bien sumizo,
Con paso leve por camino estrecho.
Mediocre hasta doler para ser hombre
Bueno, educado, servidor y listo
para hacer y cumplir, pero sin nombre
como guerrero a las órdenes de Pirro.
Ser mediocre es mi título y destino;
La gravedad de Newton: fruta al suelo;
Cuidando siempre la ocasión y el rito
Sin pretender rondar el universo.
Caer, siempre caer en línea recta,
Con un gesto feliz y una sonrisa
Que alegre a los demás, siempre discreta
Como una nieve tibia que acaricia.
Ser bueno es gravedad intrascendente,
Solo mueca teatral rasando el suelo,
Sin procurar jamás vía ascendente,
Quebrar el curso pretendiendo un vuelo.
Un vuelo a algún confín desconocido,
Lejano, fiero, lóbrego o desierto,
Subir, errar y zigzaguear perdido,
Hasta caer de lo alto, satisfecho.
MAV. Miguel Angel Vergara.
jueves, 20 de diciembre de 2007
Terrible es el olvido
TERRRIBLE ES EL OLVIDO.
Terrible es el olvido, más duro que la muerte.
Ingresar en la nada de conciencias queridas.
Disiparse en las mentes como el humo y la bruma,
Como palabras huecas de los libros sin vida.
Hasta los perros mueren custodiando la tumba
Del dueño generoso al que tanto querían.
Sin duda alguna sueñan que pronto volverán
Y jugarán de nuevo saltando de alegría.
¿Por qué el hombre que ama no cura las heridas?
¿Por qué hay hombres que matan despreciando la vida?
Mueren miles un día en algún atentado;
Millones en un año: de inmediato se olvidan.
Es la muerte que exige reservas en su espacio
De fantasmas que pueblan territorio infinito.
Hoy somos el presente y mañana el pasado,
Semillas de otras almas con el mismo destino.
¿Para qué celebrar el vigor del nacido,
Si a poco que caminen estarán relegados
Porque si es triste muertos, es más terrible vivos:
Estar vivos, presentes, y también olvidados.
MAV. 10-12-07.
Terrible es el olvido, más duro que la muerte.
Ingresar en la nada de conciencias queridas.
Disiparse en las mentes como el humo y la bruma,
Como palabras huecas de los libros sin vida.
Hasta los perros mueren custodiando la tumba
Del dueño generoso al que tanto querían.
Sin duda alguna sueñan que pronto volverán
Y jugarán de nuevo saltando de alegría.
¿Por qué el hombre que ama no cura las heridas?
¿Por qué hay hombres que matan despreciando la vida?
Mueren miles un día en algún atentado;
Millones en un año: de inmediato se olvidan.
Es la muerte que exige reservas en su espacio
De fantasmas que pueblan territorio infinito.
Hoy somos el presente y mañana el pasado,
Semillas de otras almas con el mismo destino.
¿Para qué celebrar el vigor del nacido,
Si a poco que caminen estarán relegados
Porque si es triste muertos, es más terrible vivos:
Estar vivos, presentes, y también olvidados.
MAV. 10-12-07.
lunes, 17 de diciembre de 2007
Música y Llanto
Una vez dijo Lucero que estaba sólo y cansado.
Lo escucharon agoreros y muy lejos lo llevaron.
Lo llevaron a los límites de la patria y de la vida,
donde no hay casa y comida,
donde no hay más que la nada.
Tal como estaba Lucero ni preguntar ya podía.
Miró alrededor y nada se aparecía a su suerte.
Nada, nada, estaba sólo en un desierto penoso;
hablar no comunicaba. Correr no era razonable,
no había a quién reclamar,
ni hablar, ni hacer, ni mañana.
Solo había soledad en un silencio probable.
Silencio y oscuridad. No se sentía un rumor.
Lucero pegó un gran grito, como Jesús en la cruz.
y oyó. Y escuchó su propio grito.
Y volvió a gritar y oyó. Por mucho tiempo gritó.
Parecía que él solo oía, pero por ver insistió.
Primero se quedó absorto, pero después esperó.
Inútilmente esperó. Una, dos, tres, cuatro y cientos.
Solo sentía su voz que clamaba.
Estaba muerto.
Cuando su voz se quebró unos gruñidos lo hirieron,
otros no le disgustaron, más bien lo fortalecieron.
Y unos sonidos alegres lo animaron a Lucero.
Empezó a elegir sus gritos,
y encontró malos y buenos.
Y por más que estaba oscuro y no era muy apercibido,
pensó que no estaba sólo, había encontrado
el sonido.
Un compañero de lujo, o de terror, como quiera.
No sabía, no sabía. Y mientras tanto gritaba.
Después habló y discurría,
y hasta cantó.
Cantó canciones sagradas, otras de amor, de justicia,
de peligros, de aventuras
y de niños a la cama.
En el medio de la nada,
Lucero encontró el sonido,
sonido a gusto y proclama.
Elegido y a elegir…Tenía toda la gama.
Está bien que estaba sólo y con nadie confrontaba,
pero tenía un quehacer,
un quehacer para sí mismo,
que por ahora alcanzaba.
Para estar muerto es bastante,
Hay vivos que no hacen nada.
Entonces se arrodilló y dio gracias.
Dio gracias por escuchar su propia voz y sentir
que Dios estaba en su alma,
que la Música era Dios
con sonidos y palabras.
Sintió que no estaba sólo,
la divina compañía,
le dio sentido a la muerte,
le dio sentido a la vida.
Un sonido primigenio
emite el niño al nacer:
es un grito, es un llanto,
viene con Dios dentro de él.
MAV. 25-8-06.
Lo escucharon agoreros y muy lejos lo llevaron.
Lo llevaron a los límites de la patria y de la vida,
donde no hay casa y comida,
donde no hay más que la nada.
Tal como estaba Lucero ni preguntar ya podía.
Miró alrededor y nada se aparecía a su suerte.
Nada, nada, estaba sólo en un desierto penoso;
hablar no comunicaba. Correr no era razonable,
no había a quién reclamar,
ni hablar, ni hacer, ni mañana.
Solo había soledad en un silencio probable.
Silencio y oscuridad. No se sentía un rumor.
Lucero pegó un gran grito, como Jesús en la cruz.
y oyó. Y escuchó su propio grito.
Y volvió a gritar y oyó. Por mucho tiempo gritó.
Parecía que él solo oía, pero por ver insistió.
Primero se quedó absorto, pero después esperó.
Inútilmente esperó. Una, dos, tres, cuatro y cientos.
Solo sentía su voz que clamaba.
Estaba muerto.
Cuando su voz se quebró unos gruñidos lo hirieron,
otros no le disgustaron, más bien lo fortalecieron.
Y unos sonidos alegres lo animaron a Lucero.
Empezó a elegir sus gritos,
y encontró malos y buenos.
Y por más que estaba oscuro y no era muy apercibido,
pensó que no estaba sólo, había encontrado
el sonido.
Un compañero de lujo, o de terror, como quiera.
No sabía, no sabía. Y mientras tanto gritaba.
Después habló y discurría,
y hasta cantó.
Cantó canciones sagradas, otras de amor, de justicia,
de peligros, de aventuras
y de niños a la cama.
En el medio de la nada,
Lucero encontró el sonido,
sonido a gusto y proclama.
Elegido y a elegir…Tenía toda la gama.
Está bien que estaba sólo y con nadie confrontaba,
pero tenía un quehacer,
un quehacer para sí mismo,
que por ahora alcanzaba.
Para estar muerto es bastante,
Hay vivos que no hacen nada.
Entonces se arrodilló y dio gracias.
Dio gracias por escuchar su propia voz y sentir
que Dios estaba en su alma,
que la Música era Dios
con sonidos y palabras.
Sintió que no estaba sólo,
la divina compañía,
le dio sentido a la muerte,
le dio sentido a la vida.
Un sonido primigenio
emite el niño al nacer:
es un grito, es un llanto,
viene con Dios dentro de él.
MAV. 25-8-06.
jueves, 29 de noviembre de 2007
Curso
Voy mordiendo el anzuelo como un pez,
tentado por señuelos que otro engancha,
atractivos ardides que no sé
quién juega a que los muerda y me atrapa.
Se ocupa de mis actos y mi fe,
por más que mi pensar funde razones
de todo lo que es hoy y lo que fue
la historia con su dicha y sus horrores.
Pero veo la malla y los millones
de peces capturados en la red
que alguien se lleva sin saber a dónde
y todo huele a tiempo y a después.
¿Es que la vida es una estupidez?
¿Somos piezas de un juego que alguien pone,
y saca y pone de nuevo? ¿Un ajedrez
que juega un genio poderoso y torpe?
Ya no sé, ya lloré, ya supliqué
a ese Ser Superior que se supone
que todo puede y si estás con El
a un mundo fabuloso te traspone.
Tal vez allá preguntaré por qué
este curso travieso se antepone
y pasamos al otro como pez
estúpido alimento de otros dioses.
.
Miguel Angel Vergara, noviembre de 2007..
MAV. noviembre de 2007
tentado por señuelos que otro engancha,
atractivos ardides que no sé
quién juega a que los muerda y me atrapa.
Se ocupa de mis actos y mi fe,
por más que mi pensar funde razones
de todo lo que es hoy y lo que fue
la historia con su dicha y sus horrores.
Pero veo la malla y los millones
de peces capturados en la red
que alguien se lleva sin saber a dónde
y todo huele a tiempo y a después.
¿Es que la vida es una estupidez?
¿Somos piezas de un juego que alguien pone,
y saca y pone de nuevo? ¿Un ajedrez
que juega un genio poderoso y torpe?
Ya no sé, ya lloré, ya supliqué
a ese Ser Superior que se supone
que todo puede y si estás con El
a un mundo fabuloso te traspone.
Tal vez allá preguntaré por qué
este curso travieso se antepone
y pasamos al otro como pez
estúpido alimento de otros dioses.
.
Miguel Angel Vergara, noviembre de 2007..
MAV. noviembre de 2007
jueves, 25 de octubre de 2007
Término
No necesito que me ames.
Ni me mires, ni me toques si no quieres.
No necesitarás morderme, dulce infierno.
Mátame con la daga amarga y dura:
tu indiferencia manifiesta y brava.
Nada, nada de amor, de ningún modo;
No se ama razonando a la locura.
¿Quién soy yo para darte o pretender?
Solo un loco bufón atribulado.
Un imbécil vestido de payaso
que se enturbia y desluce frente al sol.
Tu dirigiste con destreza el golpe;
de tantos que me dieron fue éste el peor:
Me dijiste que no. Que no me amabas.
Y todo terminó.
Yo presumía:
Los testigos del tiempo, los espejos,
me iban preparando el corazón.
¡Hombre! ¿No ves acaso tu pasado
que hoy va delante tuyo y te precede
como un animal viejo y adiestrado
a guiar a su cueva al viejo amo?
Tu puedes presentarte grave y serio.
Cualquier otra intención no te va bien.
Tu cuerpo y alma son solo un reflejo
de un tiempo que ya estuvo y ya se fue.
Miguel Angel Vergara
Ni me mires, ni me toques si no quieres.
No necesitarás morderme, dulce infierno.
Mátame con la daga amarga y dura:
tu indiferencia manifiesta y brava.
Nada, nada de amor, de ningún modo;
No se ama razonando a la locura.
¿Quién soy yo para darte o pretender?
Solo un loco bufón atribulado.
Un imbécil vestido de payaso
que se enturbia y desluce frente al sol.
Tu dirigiste con destreza el golpe;
de tantos que me dieron fue éste el peor:
Me dijiste que no. Que no me amabas.
Y todo terminó.
Yo presumía:
Los testigos del tiempo, los espejos,
me iban preparando el corazón.
¡Hombre! ¿No ves acaso tu pasado
que hoy va delante tuyo y te precede
como un animal viejo y adiestrado
a guiar a su cueva al viejo amo?
Tu puedes presentarte grave y serio.
Cualquier otra intención no te va bien.
Tu cuerpo y alma son solo un reflejo
de un tiempo que ya estuvo y ya se fue.
Miguel Angel Vergara
domingo, 14 de octubre de 2007
Consigna
*Se acabó el orden se acabó el cuidado,
el recato, lo recto, lo debido;
el cauto celo, precaución y esmero
mirando la hora, la ocasión y el rito.
Todo mi corazón ha sucumbido
al nuevo ritmo de la vida breve;
se acabó el tiempo de mirar quién viene
y si estamos desnudos o vestidos.
Vamos a amarnos en medio de la plaza,
rodando entre la gente y los aplausos;
muérdanse con lujuria nuestros cuerpos,
olvidemos los cuadros de los santos.
Huyamos de una vez del compromiso
de si duerme o despierta nuestro hijo,
alarmemos el sueño del vecino
con jadeos, espasmos y gemidos.
Que todos vean como nos amamos
y fulguren los átomos del cuerpo…
Para eso somos, mi amor, para eso estamos,
¡Hagamos el amor al Universo!
MAV. 10-10-07.
(*) Cuadro: Patios de Rumbo, Miguel Ángel Vergara.
jueves, 20 de septiembre de 2007
Recuerdo
Dedicado a mi novia-esposa Cecilia.
Como un capullo colegial, acaso
adornando mi pecho florecido,
bailabas una noche entre mis brazos
que creían el sol haber asido.
Tenías dieciséis años apenas,
dieciséis años que formando un ramo
de fragantes y níveas azucenas:;
cantaban la virtud del corto tramo.
Y llevabas el sol de la mañana
ceñido a la cintura por guedejas;
calzabas dos cervatos de badana
y reflejos de luna en tus orejas.
Eras la reflexión de mi tristeza
que en septiembre, de agostos me atraía;
de mi fuego de amor la fiel pavesa
que devenir mi estrella prometía.
No recuerdo qué hablamos ni qué hicimos,
si a tus mejillas deslucí el color,
pero ahora sé que lo que allí vivimos
era la tierna edad de un gran amor.
Miguel Angel Vergara.
Como un capullo colegial, acaso
adornando mi pecho florecido,
bailabas una noche entre mis brazos
que creían el sol haber asido.
Tenías dieciséis años apenas,
dieciséis años que formando un ramo
de fragantes y níveas azucenas:;
cantaban la virtud del corto tramo.
Y llevabas el sol de la mañana
ceñido a la cintura por guedejas;
calzabas dos cervatos de badana
y reflejos de luna en tus orejas.
Eras la reflexión de mi tristeza
que en septiembre, de agostos me atraía;
de mi fuego de amor la fiel pavesa
que devenir mi estrella prometía.
No recuerdo qué hablamos ni qué hicimos,
si a tus mejillas deslucí el color,
pero ahora sé que lo que allí vivimos
era la tierna edad de un gran amor.
Miguel Angel Vergara.
Insomnio
He resuelto que en mi sueño
toda la noche he de verte,
aunque no quiera la suerte
y aunque me mate el empeño.
Y a mi descanso desdeño
si no puedo ser durmiendo
de mi corazón latiendo
el enamorado dueño.
Quizá se niegue mi mente
creyendo tener razón,
pues cree demasiado don
el verte continuamente.
Más le ordeno al corazón
que me conceda el pedido
porque he de matar mi olvido
aunque pierda la razón.
Y si soñando dormido
aún tu presencia no advierto,
he de soñarte despierto
par a par con mis sentidos.
Miguel Angel Vergara.
toda la noche he de verte,
aunque no quiera la suerte
y aunque me mate el empeño.
Y a mi descanso desdeño
si no puedo ser durmiendo
de mi corazón latiendo
el enamorado dueño.
Quizá se niegue mi mente
creyendo tener razón,
pues cree demasiado don
el verte continuamente.
Más le ordeno al corazón
que me conceda el pedido
porque he de matar mi olvido
aunque pierda la razón.
Y si soñando dormido
aún tu presencia no advierto,
he de soñarte despierto
par a par con mis sentidos.
Miguel Angel Vergara.
Gracias
En medio de mi andar errante y hueco,
recibí la noticia de tu aprecio:
me mandabas un beso que de golpe
llenó el espacio y conmovió el silencio.
Fue un pequeño desliz de amor piadoso.
Un jaque al rey –no mate- aguzador.
Una linterna mágica de arrobo.
Una espina de miel al corazón.
Fue una idea genial en mil problemas.
Un sueño azul de príncipe poseso.
Una flor de tu luz, de mi quimera.
Un suave toque de fuego en el invierno.
Fue una estrella fugaz que dura siempre.
El lance justo al corazón dormido.
la cura musical del cuerpo herido.
Una ilusión, un sueño, un imprevisto.
Fue una tierna esperanza en el destierro.
Una especie-especial de juego eterno.
Una guía en la calle que camino.
La gota de agua fresca en el desierto.
Gracias por dar así tanta riqueza,
tu sentir, tu palabra, tu recuerdo.
Guardaré ese tesoro para siempre
en el fondo de mi alma en que te llevo.
Miguel Angel Vergara
recibí la noticia de tu aprecio:
me mandabas un beso que de golpe
llenó el espacio y conmovió el silencio.
Fue un pequeño desliz de amor piadoso.
Un jaque al rey –no mate- aguzador.
Una linterna mágica de arrobo.
Una espina de miel al corazón.
Fue una idea genial en mil problemas.
Un sueño azul de príncipe poseso.
Una flor de tu luz, de mi quimera.
Un suave toque de fuego en el invierno.
Fue una estrella fugaz que dura siempre.
El lance justo al corazón dormido.
la cura musical del cuerpo herido.
Una ilusión, un sueño, un imprevisto.
Fue una tierna esperanza en el destierro.
Una especie-especial de juego eterno.
Una guía en la calle que camino.
La gota de agua fresca en el desierto.
Gracias por dar así tanta riqueza,
tu sentir, tu palabra, tu recuerdo.
Guardaré ese tesoro para siempre
en el fondo de mi alma en que te llevo.
Miguel Angel Vergara
miércoles, 12 de septiembre de 2007
Remezón
Si te quedas allí haciendo el cuerdo,
observando tu cuerpo y tu fealdad,
buscándole el sentido a las ideas
y el lado positivo al accionar,
pasarás como el hombre aquel muy bueno,
que se aflige por todo y nada más.
Hace mucho que miras como triunfan
esos locos que hacen lo que creen,
que conmueven al mundo con sus obras,
así los mande Dios o Lucifer.
Vas mirando de atrás muy altanero,
señalando el camino del deber.
Vas llevando en la mano el reglamento,
o la disposición muy clara de la ley.
¡Ay, padre! Tu me diste tu alma.
¿Para qué me enseñaste a discernir?
¡Cuántos goces y triunfos y ovaciones,
por pensar, de este mundo me perdí!
Hoy estoy loco, loco como un cuerdo,
un cuerdo de hoy, de esos muy serios
que compran el revólver más brillante
para calmar su estrés, y sin querer
le disparan sus balas a los necios
que caen absortos sin saber por qué.
Yo ya tengo el revólver pero quiero
resarcirme con él de la templanza,
el juicio justo y el trabajo fiel.
Hacer de golpe lo que no hice nunca,
lleno de orgullo, pleno de altivez.
Quiero volar mis sesos desgastados
con una bala blanca como un sol.
Una bala que luzca en mi cabeza
como joya incrustada de razón.
MAV. 2003.
observando tu cuerpo y tu fealdad,
buscándole el sentido a las ideas
y el lado positivo al accionar,
pasarás como el hombre aquel muy bueno,
que se aflige por todo y nada más.
Hace mucho que miras como triunfan
esos locos que hacen lo que creen,
que conmueven al mundo con sus obras,
así los mande Dios o Lucifer.
Vas mirando de atrás muy altanero,
señalando el camino del deber.
Vas llevando en la mano el reglamento,
o la disposición muy clara de la ley.
¡Ay, padre! Tu me diste tu alma.
¿Para qué me enseñaste a discernir?
¡Cuántos goces y triunfos y ovaciones,
por pensar, de este mundo me perdí!
Hoy estoy loco, loco como un cuerdo,
un cuerdo de hoy, de esos muy serios
que compran el revólver más brillante
para calmar su estrés, y sin querer
le disparan sus balas a los necios
que caen absortos sin saber por qué.
Yo ya tengo el revólver pero quiero
resarcirme con él de la templanza,
el juicio justo y el trabajo fiel.
Hacer de golpe lo que no hice nunca,
lleno de orgullo, pleno de altivez.
Quiero volar mis sesos desgastados
con una bala blanca como un sol.
Una bala que luzca en mi cabeza
como joya incrustada de razón.
MAV. 2003.
Quedar
Yo no conduje mi infeliz carrera.
Como una pluma desprendida en vuelo,
raro destino me sopló hacia el suelo
y hoy soy recuerdo de lo que no fuera.
Una sombra de hombre lastimera,
más que cansada, herida, sin consuelo,
que acuciada por su nervio aéreo,
quiere volar, tropieza y aletea.
Y cuando cae comprende que la idea
resultó un golpe más, y que el desvelo
por querer ser un ave en pleno vuelo
solo es la muerte que sagaz acecha.
Mi soledad entonces trae recuerdos
de otros que como yo quisieran
un tiempo más versátil que pudiera
retrotraer los hechos y los sueños.
O al menos una luz que produjera
una sombra navegando el cielo,
y a veces alguien, sin querer, me viera
y con dulzura me arrojara un beso.
MAV. 1-9-7
Como una pluma desprendida en vuelo,
raro destino me sopló hacia el suelo
y hoy soy recuerdo de lo que no fuera.
Una sombra de hombre lastimera,
más que cansada, herida, sin consuelo,
que acuciada por su nervio aéreo,
quiere volar, tropieza y aletea.
Y cuando cae comprende que la idea
resultó un golpe más, y que el desvelo
por querer ser un ave en pleno vuelo
solo es la muerte que sagaz acecha.
Mi soledad entonces trae recuerdos
de otros que como yo quisieran
un tiempo más versátil que pudiera
retrotraer los hechos y los sueños.
O al menos una luz que produjera
una sombra navegando el cielo,
y a veces alguien, sin querer, me viera
y con dulzura me arrojara un beso.
MAV. 1-9-7
Poemas silvestres
I
Urge que diga al equino
que desfilemos la brecha;
sin más ni más, sin lisonjas,
sin tinos en la frontera,
sin sentir sangre en las venas,
ni asperezas en las manos.
Vamos por el monte seco
al encuentro de la espera;
todo gris, todo sordera,
sin escuchar a Vivaldi
describir la primavera.
Vamos animal humano:
el vandalismo es tarea,
hay que cumplir con el plan,
hay que seguir la marea.
II
No sé qué soy ni lo que hago;
no sé cuál será mi suerte.
Se desvanece mi cuerpo,
voy camino de la muerte.
Se cae mi musculatura
sobre huesos que se ablandan.
Debo vivir el momento
sin saber qué es la locura.
Ser un enfermo bien sano;
un santo audaz, infrahumano,
un luminoso gusano
dando vueltas a la luna.
Quiero arrojar mis vestidos,
como lo hizo San Francisco.
Que me vista Dios, no Cristo,
con el azul de la aurora.
Que mis músculos de mármol
sean flexibles y rígidos,
como esculpió Miguel Angel
los de David y Moisés.
No quiero tener más dudas,
que me sature la fe.
III
Yo soy como escarapela
de un país que ya no existe.
Soy Dioniso con las uvas,
vengo de Zeus por las venas,
alimentando sarmientos
que no van nunca a la escuela.
Con “El gran masturbador”
que a Gala pintó serena,
me voy por el monte yermo,
con mis piernas de gangrena.
“I apologize, dissent,
mi melancólica nena”.
Si tuviera veinte años
no me andaría con vueltas.
En la acción está la vida,
hay que matar las ideas.
IV
Vamos ya, dame la mano,
vámonos con nuestras alas,
que allá debe estar lo bueno,
lo esencial, lo más sagrado,
esperando que subamos
como novios al altar.
Tú de blanco, yo de negro,
como Davis y Diana,
con los sonidos de Mingus
escarlatas y amarillos
y tus ojos azul cielo
y el cielo en tu vientre vivo.
V
Liberemos la acuarela
con agua pincel y chorro,
que transparente la escena
en que de oscuro me borro.
En el fondo tengo el alma
pintada con temple y óleo.
Que me soporte quién quiera
aunque yo me aplauda sólo.
Quiero volar a mi modo,
la tierra me desespera.
Payaso que gesta sólo
vuela en avión de primera.
VI
El pasado no se toca,
ni la música tampoco.
Pero hay un puente invisible
entre tu boca y mi boca,
donde elementos opuestos
se complementan, se rozan
y se prenden como fuego,
fuego que funde las rocas,
y crean, crean y crean,
todo feliz, todo nuevo,
todo espacio, todo tiempo,
todo musical y alado.
Ni la música se toca,
ni tampoco lo pasado.
VII
Nosotros somos las sombras
que el firmamento proyecta;
todos sufrimos de penas,
todos tenemos defectos.
Las sombras nunca son buenas,
son solo un tanto de intento.
Sigamos la senda abierta
por otros destinos muertos.
Supliquemos la existencia
de un ignorante pasar,
apartados del vulgar
tormento de la conciencia,
por no tener plumas y alas,
por el destino vulgar
de nacer para ser nada.
VIII
El amor es apetito;
una ansiedad digestiva:
“Te quiero y te comería”
dice gustoso el amante,
y elige lo que es más lindo,
lo más sabroso y humano,
la boca que tiene lengua,
jugos, palabras, silencio,
música, luz, sombras, tientos,
y sangre, sangre traviesa,
sangre de mil condimentos,
leche, miel y fruta roja,
mezcla de amor y misterio,
como la vida y el sueño.
IX
Si yo fuera tu marido,
no andaría con ambages,
te sacaría el vestido,
arrojaría mi traje,
y empezaría a beberte,
despacito, saboreando,
cual chocolate caliente.
Asumiría tus gemidos,
cuando mi boca en tu ombligo
me pierda en lo irracional,
y entonces te mordería
hasta saberte sangrar.
(Parece que en todo existe
un juego dulce de encaje
entre algún punto concreto
y otro que es un ideal).
X
Vamos animal humano,
hay que seguir la marea.
No vayas a ir contramano
y menos aún te detengas
a mirar para lo alto
a ver el menú de estrellas.
Sal sin sodio es la consigna,
huelga constitucional,
y extención de la tarea…
Hay que seguir adelante
resbalando en salmonella.
XI
El avión va hiriendo el aire
y la herida lo sostiene.
La vida hiere las almas
y la herida las deviene.
Vayamos juntos a lo hondo
y engendraremos poemas.
Estos no son más que sueños,
sueños que el día recrea.
MAV. 2000
Urge que diga al equino
que desfilemos la brecha;
sin más ni más, sin lisonjas,
sin tinos en la frontera,
sin sentir sangre en las venas,
ni asperezas en las manos.
Vamos por el monte seco
al encuentro de la espera;
todo gris, todo sordera,
sin escuchar a Vivaldi
describir la primavera.
Vamos animal humano:
el vandalismo es tarea,
hay que cumplir con el plan,
hay que seguir la marea.
II
No sé qué soy ni lo que hago;
no sé cuál será mi suerte.
Se desvanece mi cuerpo,
voy camino de la muerte.
Se cae mi musculatura
sobre huesos que se ablandan.
Debo vivir el momento
sin saber qué es la locura.
Ser un enfermo bien sano;
un santo audaz, infrahumano,
un luminoso gusano
dando vueltas a la luna.
Quiero arrojar mis vestidos,
como lo hizo San Francisco.
Que me vista Dios, no Cristo,
con el azul de la aurora.
Que mis músculos de mármol
sean flexibles y rígidos,
como esculpió Miguel Angel
los de David y Moisés.
No quiero tener más dudas,
que me sature la fe.
III
Yo soy como escarapela
de un país que ya no existe.
Soy Dioniso con las uvas,
vengo de Zeus por las venas,
alimentando sarmientos
que no van nunca a la escuela.
Con “El gran masturbador”
que a Gala pintó serena,
me voy por el monte yermo,
con mis piernas de gangrena.
“I apologize, dissent,
mi melancólica nena”.
Si tuviera veinte años
no me andaría con vueltas.
En la acción está la vida,
hay que matar las ideas.
IV
Vamos ya, dame la mano,
vámonos con nuestras alas,
que allá debe estar lo bueno,
lo esencial, lo más sagrado,
esperando que subamos
como novios al altar.
Tú de blanco, yo de negro,
como Davis y Diana,
con los sonidos de Mingus
escarlatas y amarillos
y tus ojos azul cielo
y el cielo en tu vientre vivo.
V
Liberemos la acuarela
con agua pincel y chorro,
que transparente la escena
en que de oscuro me borro.
En el fondo tengo el alma
pintada con temple y óleo.
Que me soporte quién quiera
aunque yo me aplauda sólo.
Quiero volar a mi modo,
la tierra me desespera.
Payaso que gesta sólo
vuela en avión de primera.
VI
El pasado no se toca,
ni la música tampoco.
Pero hay un puente invisible
entre tu boca y mi boca,
donde elementos opuestos
se complementan, se rozan
y se prenden como fuego,
fuego que funde las rocas,
y crean, crean y crean,
todo feliz, todo nuevo,
todo espacio, todo tiempo,
todo musical y alado.
Ni la música se toca,
ni tampoco lo pasado.
VII
Nosotros somos las sombras
que el firmamento proyecta;
todos sufrimos de penas,
todos tenemos defectos.
Las sombras nunca son buenas,
son solo un tanto de intento.
Sigamos la senda abierta
por otros destinos muertos.
Supliquemos la existencia
de un ignorante pasar,
apartados del vulgar
tormento de la conciencia,
por no tener plumas y alas,
por el destino vulgar
de nacer para ser nada.
VIII
El amor es apetito;
una ansiedad digestiva:
“Te quiero y te comería”
dice gustoso el amante,
y elige lo que es más lindo,
lo más sabroso y humano,
la boca que tiene lengua,
jugos, palabras, silencio,
música, luz, sombras, tientos,
y sangre, sangre traviesa,
sangre de mil condimentos,
leche, miel y fruta roja,
mezcla de amor y misterio,
como la vida y el sueño.
IX
Si yo fuera tu marido,
no andaría con ambages,
te sacaría el vestido,
arrojaría mi traje,
y empezaría a beberte,
despacito, saboreando,
cual chocolate caliente.
Asumiría tus gemidos,
cuando mi boca en tu ombligo
me pierda en lo irracional,
y entonces te mordería
hasta saberte sangrar.
(Parece que en todo existe
un juego dulce de encaje
entre algún punto concreto
y otro que es un ideal).
X
Vamos animal humano,
hay que seguir la marea.
No vayas a ir contramano
y menos aún te detengas
a mirar para lo alto
a ver el menú de estrellas.
Sal sin sodio es la consigna,
huelga constitucional,
y extención de la tarea…
Hay que seguir adelante
resbalando en salmonella.
XI
El avión va hiriendo el aire
y la herida lo sostiene.
La vida hiere las almas
y la herida las deviene.
Vayamos juntos a lo hondo
y engendraremos poemas.
Estos no son más que sueños,
sueños que el día recrea.
MAV. 2000
Miedo
Yo me inscribo en la lista de los tontos
que creyeron en el amor sincero,
me alisto en la fila de los necios,
me insulto y me aborrezco.
Yo me odio con ansias por poeta,
por amante, por bueno y justiciero.
Reniego de las letras de mi nombre
y condeno mis sueños.
Yo le ordeno al gobierno de mi tiempo
y al mismísimo rey de los infiernos
que a pedradas acaben con mi vida
y derritan mis huesos.
No merezco vivir; no lo consulto,
sino que lo decido y lo decreto.
No merece vivir quien ama el fuego,
pero le tiene miedo.
MAV. 1950/ 1960.
que creyeron en el amor sincero,
me alisto en la fila de los necios,
me insulto y me aborrezco.
Yo me odio con ansias por poeta,
por amante, por bueno y justiciero.
Reniego de las letras de mi nombre
y condeno mis sueños.
Yo le ordeno al gobierno de mi tiempo
y al mismísimo rey de los infiernos
que a pedradas acaben con mi vida
y derritan mis huesos.
No merezco vivir; no lo consulto,
sino que lo decido y lo decreto.
No merece vivir quien ama el fuego,
pero le tiene miedo.
MAV. 1950/ 1960.
Pasión
Anoche he visto cuervos
convertirse en palomas
y la metamorfosis de la larva
en tenue mariposa.
Anoche ví unos cardos germinando
espíritu de rosa,
y fundirse al calor viril mi cuerpo
a un cuerpo de magnolia.
Embriagado de amor, yo vi dos almas
que a rogar, se elevaron, a la gloria
penetrara su luz en dos amantes
que ansiosos se estrechaban.
Anoche vi dos rayos fulgurantes
caer sobre dos brasas,
y tanto fue el calor que llegó al cielo
en una sola llama.
MAV. 1950/ 60.
convertirse en palomas
y la metamorfosis de la larva
en tenue mariposa.
Anoche ví unos cardos germinando
espíritu de rosa,
y fundirse al calor viril mi cuerpo
a un cuerpo de magnolia.
Embriagado de amor, yo vi dos almas
que a rogar, se elevaron, a la gloria
penetrara su luz en dos amantes
que ansiosos se estrechaban.
Anoche vi dos rayos fulgurantes
caer sobre dos brasas,
y tanto fue el calor que llegó al cielo
en una sola llama.
MAV. 1950/ 60.
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